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El día que quieras

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Aquí viene...
hay un momento para besar y decir,
nunca pensé en como llamarte,
!Solo pensé!
hasta las estrellas tiene nombre.

Descubrí en unos segundos, tus ojos,
que parecían preceder,
alguna filtración ordinaria mía,
que como una revelación,
me hizo mecer, y yo pensé, que me engañaron.

Quise volver a multiplicar la noche,
una noche acompañada de otra,
en algún día que quieras,
al que no levanto ceja,
y ningún ademan de molestia.

Es como me vienes siempre,
siquiera una de cada dos,
haz es el día que quieras,
!no lo se!
sin sabiduría,
ni conciencia,
ni en los días previos,
pero se que me tenias,
y pudo haber sido tu beso el que me dejo secuelas.

Humberto Velásquez Jiménez  3/Marzo/2016  10:17 a.m.

Amaré

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Amaré mientras tenga el cuerpo caliente, 
y pueda soltar el aire,
en lo oscuro amarrar la vida,
en lo oscuro masticar tu paladar cientos de veces.
Amaré mientras haya olor a limonarias,
mientras trate de empapar un ayer en ti,
mientras sea comensal de tus aromas,
y no me hayas invitado.
Amaré mientras haya territorio por explorar,
y ande en doce años tan solo en tu pelo,
y cuente como niño de escuelas lunares y ademanes,
y les ponga nombre a todos ellos.
Amaré mientras haya tiempo para liquidar,
los días de conquista,
la puesta de la hoguera,
de tu beso de colmena,
mientras viaje distante,
en los mares, en los ríos, en los aires,
y la ruta se establezca indeterminada,
porque aún me queda el tiempo para indagar,
que mientras ame te seguiré recordando,
ceremonias que te hice en la juventud.


Humberto Velasquez Jimenez 8/Agosto/2017 4:11 

Con otra persona

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Quisiera darte con otra persona, la noche que amarre y el olor a café que te hubiera dado de mañana. Pase huyendo ubicando el cerezo de tus labios, rojos, rosas, naranjas tantos colores como pueda, los vi, uno y mil colores concentrado en el botón de tus labios, a los que quise acentuar con un beso mío.
Tan solo te diría… Elisa corre, tanto como puedas, los pájaros te alcanzan, las ropas tendidas se secan, el mundo sigue pesando, y toca toser el temporal de risas, y sucede que me habría dolido no alcanzarte.
Elisa… sucede que desvanecías pisadas, enriqueciendo los vacíos, y esas carcajadas tuyas enmudecían campanarios, tan solo te diría… corre pronto ahogarte con anécdotas, ajena de pinturas de dos colores, áspera hasta el punto de cortar a los que corren, estirando los músculos de los sueños, y por extraño que pareciera haciéndolos resucitar.
Quisiera darte con otra persona, las lágrimas del cielo cuando se acerca un arcoíris.

Humberto Velasquez Jimenez 9/Julio/2017 1:36 p.m

Todavía

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Extrañar, añorar,
que aparezcas por ti misma,
sin que te haya llamado,
que no me digas nada,
y aun me duermas en una terminada adolescencia.
es lo que todavía me haces,
con signos de admiración,
y recuerdos telúricos.

Todavía,
sostengo las emociones aladas,
y casi yéndome a enterrar logro ver,
tus infinitas gratitudes y racimos,
las goteras que elaboras en mi mente,
y un número de veces que te hallé,
sin jugar a las escondidas.

Todavía,
me tienes en tus manos,
no lo había creído,
porque el niño ya no estaba,
comprometido en mis ojos,
¡Oh porque me sentí recostado!,
pensando que no viviría sin ti,
diciéndolo con voz alta,
si se tratara de una conversación,
en la cual no te hallé.

Todavía,
eres de mi misma especie,
del mismo color,
del mismo total incalculable,
del mismo dolor urgente,
de la misma atmósfera,
de las seis de la mañana y las de siempre,
sobre todo, cuando te cuesta levantarte. 




Humberto Velásquez Jiménez  23/Abril/2017  01:15 a.m.

Si pudiera elegir

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Si pudiera elegir un paisaje, te elegiría sin espacios ni lagunas, confesaría que tengo un espacio nostálgico en donde caer con urgencia.
Es una lástima que no estés conmigo, que a pesar que toque el timbre, me hagas esperar, enmudecido, y con un saludo en muerte y extraña edad.
Si pudiera elegir una mirada, sabría esperar por una inapagable, por una que a centímetros me nazca, por una que habrá los ojos, y llene de estrellas hasta azoteas.
Es una lástima que no estés conmigo, que los pétalos caigan de paro cardiaco y no de viejos, que me sepas distante, a lobo y aullido, y que brindes a menudo la mudez total y absoluta, mientras mis gritos de batalla, transitorios, yendo a las trincheras, se topen ante tus fronteras, queriendo ser un torpe, que golpea la piedra para caer a tus tierras.


Humberto Velásquez Jiménez 20/Marzo/2017
11:10 p.m.

Cae la noche

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Cae la noche y caí con ella, pudiera ser estrepitoso, liso, y con debida gravedad, pero elegí caer como lluvia, y resbalar de norte a sur sobre tu eje central.
Cae la noche y con ella mis ojos, viendo sobre mí descanso, tu rostro que fallece, tus ojos caídos de otoño, dando un último suspiro de día. Cae mi noche y luce anticuada sobre otras, y fueron muchas, las tantas noches, que cuelgan, y otras que se esparcen por océanos.
Cae mi noche, al fin y al cabo, ya era tarde, había acabado el día para desarrugar mis manías, al fin y al cabo, tuve la hazaña de caer como hoja de otoño, tuve la gallardía de acabar improvisando y postular mis mejillas sobre tu pecho, de saber que me antoja caer mis ojos bohemios, sin apretar una salida más del sol.
Humberto Velasquez Jiménez 16/Marzo.2017 11:37 p.m.

Me parece que tus ojos

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Me parece que tus ojos sufrieron una caída, pero pudo ser que tus ojos sufrieron un desmayo, y no es más que un tierno lucero al que le di vida, porque hoy les di un vistazo de apetito.
Sucede que hoy, me parece evidente agregarle al café, el color de tus ojos, me parece que mi cuerpo pierde de equilibrio, sobre todo cuando te salen las comas, como adorno en tu sonrisa.
Me parece que florecen las rosas, en las mejillas simpáticas, y sucede que hoy tus labios se fueron frágiles, y no es más que mi cuidado delicado.
Me parece que imprimiste los adornos, en los paisajes de una mente descuidada, pero mejor hago uso del sueño, y le doy vida a su mirada débil, pidiendo que me vuelva a ver, porque tropezar con su mirada, me parece el mejor de los descuidos.

Humberto Velasquez Jimenez


Una carta sin escribir

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Cuando existía el miedo de desnudar una carta, yo te hacia una carta sin escribir, hacía de mi mente bolígrafos con poca tinta, hacía de los ojos una conversación, hacía que el paisaje hablara y enviara las noticias.
Cuando conversaba conmigo la noche, me hacía preguntas con un solo tema de discurso. Cuando todo llego a ser fácil, yo aún, protegía las hojas, yo aún, me sabía las letras, yo aún, hacia tratos para conversar, yo aún, te hacia una carta sin escribir.
Cuando hacía funcionar tus manos, te enviaba las palabras que tu necesitabas, descubrías por los signos, por el misterio del sudor, por lo convincente que resultaba el fenómeno, que no necesitaba una carta para escribir, ya que yo imprimí lo que no pude decir para tu cuerpo.  

Humberto Velasquez Jimenez 12/ENERO/2016 10:15 a.m.