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El día que quieras

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Aquí viene... hay un momento para mirar y decir, nunca pensé en cómo llamarte, !Solo pensé! hasta las estrellas tiene nombre.
Descubrí en unos segundos, tus ojos, que parecían preceder, algún cansancio del ayer, cansancio que me hizo mecer, desde tu apariencia hasta los ojos que nunca vi.
Quise volver a multiplicar la tarde, una tarde acompañada de otra, en algún día que quieras, al que no levanto ceja, y ningún ademán  de molestia.
Es como me vienes siempre, siquiera una de cada dos, haz es el día que quieras, !no lo sé! sin sabiduría, ni conciencia, ni en los días previos, pero sé que me tenías, y pudo haber sido tus ojos
los que me dejaron secuelas.  Humberto Velásquez Jiménez  3/Marzo/2016  10:17 a.m.

Que no te distraigas

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Que te pierdas en una flor, que tus ojos se hagan eco, de su distracción. Que te olvides y encuentres, sustituto de mi orgullo sellado, que me sueñes con el afán, de sentirte cantada, sin suponer un resfriado, para ser causa de tu cuidado. Que tus ojos se hagan grandes, como una pintura de Margaret. Que te pierdas en mi mañana, que tus ojos se pringuen, en la abertura rota de mi ventana, que tu sudor sea el oasis de mis pañuelos, y la carga de un trabajo heredado. Que distraigas tus pupilas, en el moño de tu pelo recogido, que te hice aquel fin de semana. Que me hagas menos a diario, y en cada minuto, en el puñado de una exora se caiga una flor. Que se te ocurra hacerme mensual,

A veces presiento

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A veces presiento que se asoma, Podría acercarse, a dos brazos y estar ausente, respirando mi aire, y sentir el confín de su apariencia, que me fue dada en el edén.
A veces presiento, que su asistencia me pinta a,  los pleitos entre sol y luna, y una única manera de estar, es en un atardecer.
Humberto Velásquez 3:10 a.m. 24/09/2018

Mi ayer

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Mi ayer fue el contacto de tus cejas genéticas, el de tus ojos cafés del copan, donde encuentro nubes blancas. mi ayer fue tu ejercicio de pizarra, haciendo trapecista mi corazón, haciendo de un rodaje de antigüedades, en donde sobrevives a mi desdén, en donde quería tu amor para toda la vida.
Mi ayer fue tu llama siempre despierta, fue los demás para ti… no interesan, ni siquiera al punto de ingerir una palabra de otros, y para mí, pude beber el mundo, pude beber condiciones, estipular los contratos, y toda esa naturaleza equivoca, me lleva a que no guarde mí ayer, y tú llegues a imantar mi despertar, domesticar el infeccioso orgullo, porque tú tienes lo que busco, anécdotas que espero, aprendiendo mas de ti que en mí mismo. Mi ayer lo fuiste, me serás el hoy y el de siempre.


Humberto Velasquez Jimenez 10:45 p.m.

Detén mi llanto

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Detén mi llanto, haz atascar todas mis heridas, pásalas a mejor vida, aunque sea inútil disparar con balas a las lágrimas.
Detén mi llanto, ya que si estoy solo, es que me faltas, y si te acuerdas del día, en que te preste a la luna, en este momento solo te diría, que ambos le quitamos su menguante.
Detén mi llanto, de este cuarto que me cae encima, y que tú penetras en las madrugadas, donde surcan mis insomnios, y las múltiples escenas que me llegan a diario, gestos que vi innecesariamente recordar, donde muerdo a la luna, donde muerdo tu lunar, donde las mascaras permanecen en las fiestas, y la urgencia de ser yo mismo, se establece en ese periodo creciente, en donde nacer, me llenaría mejor que una luna.


Humberto Velásquez Jiménez 12:15 p.m.

Todavía no te extraño

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Todavía no te extraño, ni busco tus lugares, como puerto de gaviotas, ni juego a que sonrisa fue segura. Todavía no te extraño, si ese origen no logra dar su paso por mi mente, si estas dispuesta habitar el verde de tu infancia, hacia un color inexistente de vejez.
Todavía no te extraño, si la causa de cartografiar tu cuerpo, hace coser los versos que hoy en día me nublan, y das el chance que, en tus piernas, la bravura tuviera remedio.
Todavía no te extraño, si la razón de incertidumbre, no se viste de vejez, ni se inquieta por arrugas, porque a la juventud le doy la bienvenida, y la arropo con una copa de vino. Todavía no te extraño, si el motivo de morder tus racimos arde a sus anchas, si vives a mi derecha, donde los números consiguen su curso, porque como tú, las secoyas tocan el cielo, porque como tú, al revés de tu muerte, viajas como salmones al inicio de sus ríos.

Humberto Velásquez Jiménez 20-febrero-2018 11:40 a.m.

Amanecí

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Amanecí, y nunca había estrellado mis ojos, con la habilidad necesaria, para estrenar el cielo que sostenías, con la habilidad de extender mis labios, para que hiciera falta, reclinar esa gota de jugo. Tan solo se trataba, de escuchar los sonidos correctos, de atrapar hasta el susto que te mecía, de extraer lugares con duración.

Me alegro de llamarte, en este oleaje de desatenciones, de sobrevivir ante la hierba seca de tus orgullos, de vaciar tus emplumados alimentos, de existir ante la fiebre del mundo, de no dormir a todas horas a la salud de otros.

Amanecí, en esa versión de los libros, sin viaje, totalmente escrito, austero para respirar, áspero para decir buen día, perdiendo hasta las fuerzas para ser suicida, de pronto corte al sueño con las cascaras, y me alegre de llamarte, diciéndote, prepara las almohadas, que hoy dormiremos hacia nuestra infancia.

Humberto Velásquez Jiménez  10/Feb/2018

Te lo dije ayer

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Te lo dije ayer,
que un día de estos
tu mirada soltaría quimeras,
que un día de estos,
de veras estaría envolviendo,
la apertura del reloj,
y si fueran los treinta tendría barba,
y si fueran los cincuenta pensaría como enero.
Te dije que tendría ganas,
que me lluevas y sea la urgencia de empapar,
hasta que recuerde tu anatomía, 
en un manojo de bailes entusiastas.
Ya verás,
que tú lo harás,
lo dirás también del ayer,
que cuando hables,
la noción lograra ganar,
tratando de recordar que fuiste, 
mi diversión tan repentina.
Te lo dije ayer,
era obligatorio callar como si fuera invierno,
si es posible arreglártelas para ausentar,
el homenaje que hicimos del pasado,
pero de golpe apresurado permitirte,
las treguas, invertir la hora para darme asistencia,
aun si mi cuerpo estuviera apagable.

Humberto Velásquez Jiménez

De tu mirar

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La matiné de tu mirar,
aterrizo en mis ojos esta mañana.
Y dividiendo las olas de tu pelo,
logre la juventud de tus labios,
a quienes quise oler el eco del café,
queriendo restarle su sabor al hacer contacto.

La trapecista sonrisa,
salto a la fama esta noche,
a pesar que había tormentas,
y había que dormir mi atención.

La flecha de tu mirar,
no dio aviso,
no quiso darme la noticia,
ni mandar una carta entonada.
Lo único que quiso era apuntarme,
con facilidad adulterar mi vista inoportuna,
la que yo mismo soñé atrapar,
aun cuando estuviera envuelta de ciénaga.

La matiné de tu mirar,
hoy la pedí,
le saque un pañuelo,
la entretuve con una merienda de placer,
de una manera que estuviera el sueño,
y no exista manera de llegarla frenar.

Humberto Velásquez Jiménez  12/Septiembre/2017  10:15 p.m.

Te desprendes tan fácil

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¿Alguna vez se te cayeron las risas? ¿Estableciste contacto al apagarse la luz? ¿Mostraste un pensamiento navegado? ¿Llegaste a madurar el último año que te di? ¿Jubilando hasta los días venideros? Te desprendes tan fácil,
llegando a florecer, y a retirarte como diente de león.


Humberto Velasquez Jimenez


Tócame

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Tócame hoy que el tiempo colisiona, y el oficio de escribirte se vuelve transitorio. Tócame deja la impresión de haberme abatido en tu seno, y mostrarnos un eclipse ambiguo. Tócame estaré dispuesto a copiar el mismo aposento, cuando estemos de viaje, o la noche llegue tardía. Tócame mañana se le ocurrirá a domingo, continuar el día entero peleando no apagarse. Tócame hazme saber que vendrán tus manos a llenarme, como atmosfera a conciliar mis fuegos, como agua en mi vaso que se haga basta. Tócame, Tengo hambre que atropelles mis hombros, y si mañana se te ocurre aparecerte, te quisiera como un chasquido pertinente, como si llegaras a cogerme del susto y desmenuzarme, y el don de alimentarme mientras llegue el último suspiro, y me hagas destetar como si fuera bebe a quien cuidar. Tócame es posible que ande extraviado, y aquella vez que se te hizo posible, me rescates de este afecto huérfano.


Humberto Velasquez Jimenez 5/Septiembre/2017
12:51 a.m.

Amaré

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Amaré mientras tenga el cuerpo caliente, 
y pueda soltar el aire,
en lo oscuro amarrar la vida,
en lo oscuro masticar tu paladar cientos de veces.
Amaré mientras haya olor a limonarias,
mientras trate de empapar un ayer en ti,
mientras sea comensal de tus aromas,
y no me hayas invitado.
Amaré mientras haya territorio por explorar,
y ande en doce años tan solo en tu pelo,
y cuente como niño de escuelas lunares y ademanes,
y les ponga nombre a todos ellos.
Amaré mientras haya tiempo para liquidar,
los días de conquista,
la puesta de la hoguera,
de tu beso de colmena,
mientras viaje distante,
en los mares, en los ríos, en los aires,
y la ruta se establezca indeterminada,
porque aún me queda el tiempo para indagar,
que mientras ame te seguiré recordando,
ceremonias que te hice en la juventud.


Humberto Velasquez Jimenez 8/Agosto/2017 4:11 

Con otra persona

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Quisiera darte con otra persona, la noche que amarre y el olor a café que te hubiera dado de mañana. Pase huyendo ubicando el cerezo de tus labios, rojos, rosas, naranjas tantos colores como pueda, los vi, uno y mil colores concentrado en el botón de tus labios, a los que quise acentuar con un beso mío.
Tan solo te diría… Elisa corre, tanto como puedas, los pájaros te alcanzan, las ropas tendidas se secan, el mundo sigue pesando, y toca toser el temporal de risas, y sucede que me habría dolido no alcanzarte.
Elisa… sucede que desvanecías pisadas, enriqueciendo los vacíos, y esas carcajadas tuyas enmudecían campanarios, tan solo te diría… corre pronto ahogarte con anécdotas, ajena de pinturas de dos colores, áspera hasta el punto de cortar a los que corren, estirando los músculos de los sueños, y por extraño que pareciera haciéndolos resucitar.
Quisiera darte con otra persona, las lágrimas del cielo cuando se acerca un arcoíris.

Humberto Velasquez Jimenez 9/Julio/2017 1:36 p.m

Todavía

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Extrañar, añorar,
que aparezcas por ti misma,
sin que te haya llamado,
que no me digas nada,
y aun me duermas en una terminada adolescencia.
es lo que todavía me haces,
con signos de admiración,
y recuerdos telúricos.

Todavía,
sostengo las emociones aladas,
y casi yéndome a enterrar logro ver,
tus infinitas gratitudes y racimos,
las goteras que elaboras en mi mente,
y un número de veces que te hallé,
sin jugar a las escondidas.

Todavía,
me tienes en tus manos,
no lo había creído,
porque el niño ya no estaba,
comprometido en mis ojos,
¡Oh porque me sentí recostado!,
pensando que no viviría sin ti,
diciéndolo con voz alta,
si se tratara de una conversación,
en la cual no te hallé.

Todavía,
eres de mi misma especie,
del mismo color,
del mismo total incalculable,
del mismo dolor urgente,
de la misma atmósfera,
de las seis de la mañana y las de siempre,
sobre todo, cuando te cuesta levantarte. 




Humberto Velásquez Jiménez  23/Abril/2017  01:15 a.m.

Si pudiera elegir

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Si pudiera elegir un paisaje, te elegiría sin espacios ni lagunas, confesaría que tengo un espacio nostálgico en donde caer con urgencia.
Es una lástima que no estés conmigo, que a pesar que toque el timbre, me hagas esperar, enmudecido, y con un saludo en muerte y extraña edad.
Si pudiera elegir una mirada, sabría esperar por una inapagable, por una que a centímetros me nazca, por una que habrá los ojos, y llene de estrellas hasta azoteas.
Es una lástima que no estés conmigo, que los pétalos caigan de paro cardiaco y no de viejos, que me sepas distante, a lobo y aullido, y que brindes a menudo la mudez total y absoluta, mientras mis gritos de batalla, transitorios, yendo a las trincheras, se topen ante tus fronteras, queriendo ser un torpe, que golpea la piedra para caer a tus tierras.


Humberto Velásquez Jiménez 20/Marzo/2017
11:10 p.m.

Cae la noche

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Cae la noche y caí con ella, pudiera ser estrepitoso, liso, y con debida gravedad, pero elegí caer como lluvia, y resbalar de norte a sur sobre tu eje central.
Cae la noche y con ella mis ojos, viendo sobre mí descanso, tu rostro que fallece, tus ojos caídos de otoño, dando un último suspiro de día. Cae mi noche y luce anticuada sobre otras, y fueron muchas, las tantas noches, que cuelgan, y otras que se esparcen por océanos.
Cae mi noche, al fin y al cabo, ya era tarde, había acabado el día para desarrugar mis manías, al fin y al cabo, tuve la hazaña de caer como hoja de otoño, tuve la gallardía de acabar improvisando y postular mis mejillas sobre tu pecho, de saber que me antoja caer mis ojos bohemios, sin apretar una salida más del sol.
Humberto Velasquez Jiménez 16/Marzo.2017 11:37 p.m.

Me parece que tus ojos

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Me parece que tus ojos sufrieron una caída, pero pudo ser que tus ojos sufrieron un desmayo, y no es más que un tierno lucero al que le di vida, porque hoy les di un vistazo de apetito.
Sucede que hoy, me parece evidente agregarle al café, el color de tus ojos, me parece que mi cuerpo pierde de equilibrio, sobre todo cuando te salen las comas, como adorno en tu sonrisa.
Me parece que florecen las rosas, en las mejillas simpáticas, y sucede que hoy tus labios se fueron frágiles, y no es más que mi cuidado delicado.
Me parece que imprimiste los adornos, en los paisajes de una mente descuidada, pero mejor hago uso del sueño, y le doy vida a su mirada débil, pidiendo que me vuelva a ver, porque tropezar con su mirada, me parece el mejor de los descuidos.

Humberto Velasquez Jimenez


Una carta sin escribir

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Cuando existíael miedo de desnudar una carta, yo te hacia una carta sin escribir, hacía de mi mente bolígrafos con poca tinta, hacía de los ojos una conversación, hacía que el paisaje hablara y enviara las noticias.
Cuando conversaba conmigo la noche, me hacía preguntas con un solo tema de discurso. Cuando todo llego a ser fácil, yo aún, protegía las hojas, yo aún, me sabía las letras, yo aún, hacia tratos para conversar, yo aún, te hacia una carta sin escribir.
Cuando hacía funcionar tus manos, te enviaba las palabras que tu necesitabas, descubrías por los signos, por el misterio del sudor, por lo convincente que resultaba el fenómeno, que no necesitaba una carta para escribir, ya que yo imprimí lo que no pude decir para tu cuerpo.  

Humberto Velasquez Jimenez 12/ENERO/2016 10:15 a.m.

¿A que juegas?

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¿A qué juegas? ¿A qué te se? ¿A que soy a tu manera? ¿A que me peinas hasta las alas?
Yo he sido alma libre de costumbre, que se prende con manías y el ayer. Ayer a tu manera, hoy con mi ademán, hoy me regreso, al revés de mi antigüedad.
Hoy me soy a ustedes, me soy con urgencia devota, me soy para alejarme, ya que pronto se nos acaba las interrogantes.
¿A qué juegas? Yo juego a volar al retraso del viento,
que consigue la ambición de poder despeinarme las alas.


Humberto Velasquez Jimenez 16/Diciembre/2016 10:22 a.m.

Pude caminar el día

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Pude haberle dado una invitación, pude haberle dado un recorrido de gestación, a este día que me nace y deshace, pude caminar el día, entender mi rol de tripulante, castigar el sueño con azotes, esclarecer que el año lo quise de primaveras, pudo haber sido que el día me nació distinto, tal vez quise moldear al día habitual. Pude amanecer con los dones, de una vegetación, del sol que sobresale que inunda mis ojos, y que con rumores me dice que no vive las 24 horas. Pude caminar el día siendo una víctima, del mismo chasquido de guiños, que el día parpadea.
Humberto Velasquez Jimenez 12/Diciembre/2016 11:38 a.m.