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Mostrando entradas de 2018

Que no te distraigas

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Que te pierdas en una flor, que tus ojos se hagan eco, de su distracción. Que te olvides y encuentres, sustituto de mi orgullo sellado, que me sueñes con el afán, de sentirte cantada, sin suponer un resfriado, para ser causa de tu cuidado. Que tus ojos se hagan grandes, como una pintura de Margaret. Que te pierdas en mi mañana, que tus ojos se pringuen, en la abertura rota de mi ventana, que tu sudor sea el oasis de mis pañuelos, y la carga de un trabajo heredado. Que distraigas tus pupilas, en el moño de tu pelo recogido, que te hice aquel fin de semana. Que me hagas menos a diario, y en cada minuto, en el puñado de una exora se caiga una flor. Que se te ocurra hacerme mensual,

A veces presiento

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A veces presiento que se asoma, Podría acercarse, a dos brazos y estar ausente, respirando mi aire, y sentir el confín de su apariencia, que me fue dada en el edén.
A veces presiento, que su asistencia me pinta a,  los pleitos entre sol y luna, y una única manera de estar, es en un atardecer.
Humberto Velásquez 3:10 a.m. 24/09/2018

Mi ayer

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Mi ayer fue el contacto de tus cejas genéticas, el de tus ojos cafés del copan, donde encuentro nubes blancas. mi ayer fue tu ejercicio de pizarra, haciendo trapecista mi corazón, haciendo de un rodaje de antigüedades, en donde sobrevives a mi desdén, en donde quería tu amor para toda la vida.
Mi ayer fue tu llama siempre despierta, fue los demás para ti… no interesan, ni siquiera al punto de ingerir una palabra de otros, y para mí, pude beber el mundo, pude beber condiciones, estipular los contratos, y toda esa naturaleza equivoca, me lleva a que no guarde mí ayer, y tú llegues a imantar mi despertar, domesticar el infeccioso orgullo, porque tú tienes lo que busco, anécdotas que espero, aprendiendo mas de ti que en mí mismo. Mi ayer lo fuiste, me serás el hoy y el de siempre.


Humberto Velasquez Jimenez 10:45 p.m.

Detén mi llanto

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Detén mi llanto, haz atascar todas mis heridas, pásalas a mejor vida, aunque sea inútil disparar con balas a las lágrimas.
Detén mi llanto, ya que si estoy solo, es que me faltas, y si te acuerdas del día, en que te preste a la luna, en este momento solo te diría, que ambos le quitamos su menguante.
Detén mi llanto, de este cuarto que me cae encima, y que tú penetras en las madrugadas, donde surcan mis insomnios, y las múltiples escenas que me llegan a diario, gestos que vi innecesariamente recordar, donde muerdo a la luna, donde muerdo tu lunar, donde las mascaras permanecen en las fiestas, y la urgencia de ser yo mismo, se establece en ese periodo creciente, en donde nacer, me llenaría mejor que una luna.


Humberto Velásquez Jiménez 12:15 p.m.

Todavía no te extraño

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Todavía no te extraño, ni busco tus lugares, como puerto de gaviotas, ni juego a que sonrisa fue segura. Todavía no te extraño, si ese origen no logra dar su paso por mi mente, si estas dispuesta habitar el verde de tu infancia, hacia un color inexistente de vejez.
Todavía no te extraño, si la causa de cartografiar tu cuerpo, hace coser los versos que hoy en día me nublan, y das el chance que, en tus piernas, la bravura tuviera remedio.
Todavía no te extraño, si la razón de incertidumbre, no se viste de vejez, ni se inquieta por arrugas, porque a la juventud le doy la bienvenida, y la arropo con una copa de vino. Todavía no te extraño, si el motivo de morder tus racimos arde a sus anchas, si vives a mi derecha, donde los números consiguen su curso, porque como tú, las secoyas tocan el cielo, porque como tú, al revés de tu muerte, viajas como salmones al inicio de sus ríos.

Humberto Velásquez Jiménez 20-febrero-2018 11:40 a.m.

Amanecí

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Amanecí, y nunca había estrellado mis ojos, con la habilidad necesaria, para estrenar el cielo que sostenías, con la habilidad de extender mis labios, para que hiciera falta, reclinar esa gota de jugo. Tan solo se trataba, de escuchar los sonidos correctos, de atrapar hasta el susto que te mecía, de extraer lugares con duración.

Me alegro de llamarte, en este oleaje de desatenciones, de sobrevivir ante la hierba seca de tus orgullos, de vaciar tus emplumados alimentos, de existir ante la fiebre del mundo, de no dormir a todas horas a la salud de otros.

Amanecí, en esa versión de los libros, sin viaje, totalmente escrito, austero para respirar, áspero para decir buen día, perdiendo hasta las fuerzas para ser suicida, de pronto corte al sueño con las cascaras, y me alegre de llamarte, diciéndote, prepara las almohadas, que hoy dormiremos hacia nuestra infancia.

Humberto Velásquez Jiménez  10/Feb/2018

Te lo dije ayer

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Te lo dije ayer,
que un día de estos
tu mirada soltaría quimeras,
que un día de estos,
de veras estaría envolviendo,
la apertura del reloj,
y si fueran los treinta tendría barba,
y si fueran los cincuenta pensaría como enero.
Te dije que tendría ganas,
que me lluevas y sea la urgencia de empapar,
hasta que recuerde tu anatomía, 
en un manojo de bailes entusiastas.
Ya verás,
que tú lo harás,
lo dirás también del ayer,
que cuando hables,
la noción lograra ganar,
tratando de recordar que fuiste, 
mi diversión tan repentina.
Te lo dije ayer,
era obligatorio callar como si fuera invierno,
si es posible arreglártelas para ausentar,
el homenaje que hicimos del pasado,
pero de golpe apresurado permitirte,
las treguas, invertir la hora para darme asistencia,
aun si mi cuerpo estuviera apagable.

Humberto Velásquez Jiménez