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Hasta que Tu Cuerpo Exista

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Quien hubiera creído,  que alfabetizo ser su aposento, y pretendo con mis manos de lana, acabarnos en la sabana verde o blanca, acabarnos en la cremallera final de la tierra, hasta que su cuerpo exista.  Iba a llamarte, pero dejare que seas tú, con tu propia idea esclavizada, ¡Oh! gacela atrevida en campo abierto. Puedes venir hasta que tu cuerpo exista,  porque así lo decide, la vieja de la sesta, y los que están tildados, de gorriones inmigrantes. Una vez que tu cuerpo sea invitado, ya sea por los caminos idénticos, por lo dos mares que te hago engañar, las uñas y el sudor de la banca no será más,  que un apóstol pregonando hasta, que tu cuerpo exista. Humberto Velasquez 7/Nov/2013 11:18 p.m.

Mírame en tus ojos

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!Mírame! Qué se yo de obtener, aromas fuera de ti, no soy galaxia perdida, ni cenizas que golpean tus techos. Mírame en tus ojos, en tus libros viejos de costumbre. Qué se yo de ser vecino de,  tu mares, y tus perlas profundas. No te apartes, si este es el lugar, donde los cuerpos convalecen, las vidas milenarias, y las risas siguientes. Mírame y allá donde los ayes me apuntan, vuelve a ver mis aleteos en tu búsqueda, que de ser así, seguirás amando.  Humberto Velasquez Jimenez 11/Noviembre/2013 9:34 a.m.

Di que hay lugar

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Hay forma de ir al lugar, en donde me sentí empezado, cuando esculpiste el cruce,   de tus piernas en la foto del día. Hay forma siquiera que hasta por un grano, hayas hecho tuya la banca de muchos, que yo te regale. Di que supiste extraer, el extracto aroma del domingo abrazado,   de los mares del norte. Di que caminaste conmigo, y tus pasos dejaron las huellas con las gracias. Di que estuviste por la hora completa en mí, que olvidaste colgarte de estrellas, jugando a balancearte en la mirada asegurada, que sin pestañas tuvo el día, sin accidentes te veía. Di que perteneces tanto como yo,   existes tanto como yo, a una botella de vino que viajo, con sus cartas a los puertos. Humberto Velásquez 26/9/2013 08:30 p.m.

Distante

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¿Quién podría decir que la distancia se disfruta? Y que a su vez son dos mentes que se integran, se dibujan con distintos colores,  pero permanecen en la misma pintura. Podría decir que la distancias son, las galaxias que disfruto de las noches, y que a mis ojos les resulta verlas lento. Podría decir que su sonido en las ondas, me golpean tan cerca, como los huracanes de invierno en mi ventana húmeda. Podría decir que en nuestra distancia, todas las noches utilizo los sentidos, aunque solo sean el oído, el habla. Podría decir que tengo el lienzo, y nos dibujó lentamente cerca. Podría hacer la soga más chica, atraernos a tierra como dos iones positivos, creer que los cuerpos se acortan en kilómetros. Podría creer que la distancia cierra los ojos, y se traslada hacia mi mañana. Humberto Velásquez 25/09/2013 01:26 a.m.

Como hemos llegado Allá

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Como hemos llegado allá, y hemos olvidado los besos que se temían, al patinar como novatos niños, que aprenden sus maratones de tropiezos. Como hemos llegado allá, a estos lugares en que la mar, nos culmina y hemos sido enviados, como cartas que se corresponden. Como hemos llegado allá, y vernos como los astros, tan familiares que de natural, imitamos las flores silvestres. Como hemos llegado tan lejos, como barcos y sus puertos, en el amor dulce que no oscurece. Humberto Velasquez 7 de Julio 2013 2:22 a.m.

Retiros

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Como se han hecho jubilar, los nudos de mi boca, mis colectivos brazos exaltados, cuando pisas mi ciudad de nuevo. Como la brisa no tiene ruido, sin las palmas abiertas, de los árboles gentiles, como aquellas casi entrevistas, cuando vuelves a mi, y mis brazos gentiles. Como se hace parte de cada átomo, y se percibe en mi alma despierta o somnolienta. Como se hace desconocida, para volverle a querer, siendo aprendiz de los sabores de su boca. Como los retiros hacen anochecer mis ojos, volviendo al piso mi voz, que facil se divide, que fácil se parte en fracciones arenosas, y se hospeda en la tinta húmeda del mar y la hoja. Humberto Velasquez 7 de Julio 2013 12:26 a.m.

Quiero ser

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Quiero ser; Un hombre de poca luz, A veces contenido, pocas luces desteñidas, y pocos regalos celestes. Quiero andar como el hombre, de besos intrépidos, por carreras de vallas, saltando estrepitoso. Un hombre que descubre, oraciones de los mares al cielo. Cuyo nombre se permite en otoño, tirado en el suelo, en la cuna arbolada, Que inquieto recorre los biomas, estas capas que nos contienen en, medio del mundo vibrante. como búsqueda de torneos y sus copas. Quiero ser… Un hombre que viene alimentado, de cariño por los libros, y las mieles de una mujer que no despide los veranos, que de esos se deslizan los sabores de luna, y los ardores de mañana anunciante. Humberto Velásquez 9/Julio/2013 9:05 p.m.

Busco

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En mis días busco ir al final de, los puentes en busca suya, cuando la palabra beso en sus labios de calles rotas, siguen un curso igual de reposo. En mis días cuando sale de mí, cubrirlos, como un cielo nublado, siento necesario abrir los paraguas y cocerlos de inmediato. Busco su mañana, sin pestañas  en su rostro de ventana, y en estos días sumados, al borde de su voz, a meñiques de mi cuello, aun cuando las visitas son parecidas, al pestañeo de gotas, en hojas de mañana, y parecemos dormidos de un modo despierto, busco amarla en su estadía migratoria, amarla yo y mi mejor clima, y regrese con la luna llena, que nos entrega, nos conduce, nos resbala a siempre estar allí uno debajo del otro como tierra y cielo. “porque amarla me disuelve a estar siempre para usted, como un pilar que sostiene sus días tristes.” humberto velásquez jiménez 31/agosto/2012 07:38 p.m.

Despedida

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Ya los dedos más largos se dieron la mano, dejando a mi vista prendida del rastro, invitada a pasear por la mar que veo de frente. Ya rasguñamos el sudor que pudieran ser lágrimas, debidamente arde en las heridas o arde en el alma. Ya las cuentas de sus visitas se han perdido, quedando como dos pocos, en las palabras que se hacen contornear, a través del ultimo tacto que se pueda anudar. Me habían dicho que el adiós se resiste, mas no me habían dicho que las frases ultimas, se celebran en la mente como arena en los zapatos. Ya los besos quedan unos en las alturas y otros, en las profundidades, y se permiten temporalmente locales. Humberto Velásquez 11/Junio/2013 6:52 p.m.

Espero por Ti

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Espero por Ti Añorarte, esperar que el día venga, verte nublar a la gente supuesta, es mi esperar, mi nube mental, es mi huelga sobre otros pensamientos, logrando ligarte en las oscuras cuevas, de las tantas neuronas que te ocupan. No más digo yo, y no se me ocurre, que no más al estirar de mis manos, que juegan atrapar tus mejillas llenas de atardecer. No más digo yo, al juego de adiós repetido. Vengo a obligarte si se puede, a quedarme en tu cuna inactiva. Vengo como las mareas anticuadas, apaciguar aquellos brazos que se, mueven en las brisas de mi soplo, apaciguar aquellos brazos, en las lunas rebosantes. Espero por ti, por tus cartas donde estiro mis brazos, y habito en casa. Humberto Velásquez Jiménez 5/Mayo/2013

Porque

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Porque si somos sostenidos íntimamente, nos apodera el sonriente tiempo, que por pura atracción suya firma los cuerpos con una anti-gravedad horizontal. Porque tus manos en el ademan justo del adiós, se encierran esos signos interrogantes. Aquellas manos que se escudan del tacto breve. Porque se vale el porqué de nuestras, mentes cargadas. Porque el reloj llena sus apetitos, de nuestras manos, las ultimas que se tocan y se exhalan. Porque el tiempo no se dobla, aquel llamado intangible, que a nosotros nos toca, aquel que lo trama si salvarnos podemos. Humberto Velásquez 14-4-2013

No se vive

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No se vive, mientras las nubes se despeinan, mientras los asientos se desvisten. Al parecer muere la vista, y quedan las manos esclavas. Muere la voz que humillo, las tardes en el mar, aquella que en el escote de tu oído se apacigua. Mueren los ojos apretados, aquellos que trepaban las bienvenidas. No se vive muriendo, dejando las llaves en el puño. Se vive invitado, no en la puerta que se encoje, en la ventana virgen, cuya virginidad empaña los disgustos, aclara los jazmines clásicos. No se vive en la mujer sepultada. Se vive en el concierto de su andar, aquel que vive perdido y resucita en mi mirar. Humberto Velásquez Jiménez 11-Abril-2013 7:01 p.m.